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LA FORMACIÓN DE LA BIBLIA

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Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. (Dt. 30:14)

Introducción: La Biblia es un libro divino y humano. En cuanto a su primera descripción, reconocemos que es la revelación de Dios acerca de sí mismo a la humanidad. Pero a la vez consiste en “la historia de la salvación” pues conlleva el objetivo divino de mostrar su plan redentor a los hombres.

Mas como libro humano, la Biblia tiene un lugar en la historia. El texto que ahora tenemos en nuestras manos no llegó de un día a otro, tampoco es el fruto del pensamiento de un solo hombre. Es el resultado de un proceso que se extendió por siglos, en el cual participaron hombres de diversas épocas, lugares y costumbres.

El proceso formativo de la Biblia pasa por dos etapas: la formación de la Biblia en sí, y la preservación y difusión en el idioma de cada pueblo; la primera se hizo bajo la inspiración divina, la segunda etapa contó con su providencia.

I. EL PROCESO DE ESCRITURA

1. Inspiración: Un elemento común en todos los escritores de la Biblia es la inspiración: Es la intervención o influencia del Espíritu Santo en el proceso de trasmisión de la revelación escrita. Dicha inspiración no era un simple dictado y estuvo limitada exclusivamente a los escritores bíblicos. Esto hizo posible que la verdad divina fuera trasmitida libre de errores, de tal forma que lo que escribieron los autores bíblicos sea la Palabra de Dios. Basten los siguientes pasajes para demostrar el carácter sagrado de la Biblia: Mt. 5:17; Jn. 5:39; 10:35; 1 Co. 14:37; 2 Tim. 3:16.

Los elementos diversos en el proceso formativo son los siguientes:

1. Tiempo: La Biblia se escribió en un período de 1500 años aproximadamente. Moisés escribió los primeros libros 400 años antes del sitio de Troya y 300 años antes de que aparecieran los antiguos sabios de Grecia. Juan, el último escritor, escribió casi a finales del primer siglo. Durante todo ese tiempo florecieron imperios como Egipto, Babilonia, Persia, Grecia y Roma.

2. Personas: Entre sus escritores encontramos personas de tan variada categoría y educación: sacerdotes como Esdras; sabios como Salomón; profetas como Isaías, Ezequiel; ganaderos y agricultores como Amós; estadistas como Daniel; reyes como David; cobradores de impuestos como Mateo; médicos como Lucas; pescadores como Pedro, y otros más.

3. Lugares: Fue escrita en lugares tan distintos como el centro de Asia, las arenas de Arabia, los desiertos de Judea, los pórticos del Templo, en ciudades como Jerusalén, Babilonia, Corinto, en islas como Patmos, en la comodidad de una casa y en fríos calabozos.

4. Idiomas:

a. Hebreo. Casi todo el Antiguo Testamento fue escrito en hebreo. Las principales características de este idioma es que se lee de derecha a izquierda, además de no tener vocales escritas, por tal razón los masoretas inventaron un sistema de signos vocálicos para facilitar su pronunciación.

b. Arameo. Similar al hebreo; dicha lengua se volvió común en Palestina (Neh. 8:8). Aparece en Gen. 31:47; Jer. 10:11; Dn. 2:4-7:28; y Esdras 4:8-6:18; 7:12-26. El Nuevo Testamento preserva algunas palabras en este idioma (talita cumi, efata, Eloi, Eloi, lama sabactani, Abba, maranatha), e incluso algunos afirman que por lo menos el evangelio de Mateo fue escrito originalmente en arameo.

c. Griego. Para el primer siglo, el griego se había convertido en idioma universal, casi todo el Nuevo Testamento fue escrito en esta lengua. El griego del Nuevo Testamento presenta características peculiares que lo distinguen del dialecto ático. Esto se debe a que el NT usa el koiné, el griego común, “de la calle”.

5. Materiales: El papiro, hecho de la planta del mismo nombre. La caña crecía en los lugares poco profundos de los lagos y ríos. Se usó también el pergamino, (pieles de ovejas, cabras y vacas, raspadas y blanqueadas con yeso) y la vitela (piel superior al pergamino, de animales jóvenes como cordero, cabrito o ternera, de preferencia muertos al nacer). Otros materiales son: las tablas de piedra (Ex. 31:4), la ostracon, (fragmento de cerámica), y las tablillas de arcilla o madera con cera, aunque sólo se usaban para textos breves.

a. Al principio los manuscritos se disponían en forma de rollo, por lo que la mayoría de los libros circulaban en rollos separados. La invención del códice (hojas cosidas, a semejanza de los libros actuales) en el primer siglo de la era cristiana facilitó el manejo de documentos, pues un solo códice podía contener todos los libros de la Biblia.

b. Los instrumentos de escritura también eran variados: desde punzones o cinceles de hierro con punta de diamante o plomo, hasta “cálamos” o plumas hechas de caña. La tinta era de hollín de las lámparas de aceite o de hojas de roble.

6. Géneros Literarios: La Biblia se compone de 66 libros. No hace falta esforzarse demasiado para darse cuenta de que cada uno de ellos posee características particulares. En ella encontramos leyes, historia, poesía, sabiduría, biografías, epístolas, profecía y apocalíptica.

II. EL PROCESO DE PRESERVACIÓN Y TRADUCCIÓN

1. ¿Qué sucedió con los escritos originales de los hagiógrafos? Nadie sabe con exactitud, pero lo más seguro es que hayan sido destruidos, ya sea en forma intencional o por el paso del tiempo. La única manera de preservar el texto sagrado era copiando a mano los libros. En el caso de los manuscritos del AT, era un trabajo arduo y con reglas muy estrictas. Por ejemplo, antes de escribir las palabras, el escriba debía pronunciarlas; cada vez que se escribía el nombre de Dios (YHWH) debía limpiarse la pluma; las nuevas copias se revisaban dentro de los primeros treinta días y si se encontraban más de tres errores en una hoja se desechaba todo el manuscrito. Con respecto a los libros del NT, lo más probable es que las copias eran realizadas por algún miembro de las diversas congregaciones locales.

2. ¿Qué nos queda de esos antiguos manuscritos?

a. En cuanto el AT, hasta el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto en 1947, los manuscritos más antiguos eran del siglo X d. C. (cómo el Códice B19A de Leningrado, un texto masorético). Gracias a dicho descubrimiento, tenemos manuscritos muy antiguos, que datan del siglo III a.C. hasta la cristalización del Texto Masorético (ss. VII-X).

b. Con respecto al NT, se conocen más de 5300 manuscritos griegos antiguos que contienen el texto (completo o incompleto). Además han sobrevivido hasta hoy unos 10000 manuscritos antiguos con copias del NT en latín y otros 9300 con versiones en siríaco, copto, armenio, gótico y etíope, totalizando más de 24000 manuscritos antiguos del NT, una cantidad mucho mayor que la correspondiente a cualquier otra obra literaria de la Antigüedad, exceptuando el Antiguo Testamento. Algunos manuscritos son el Alejandrino (A), El Vaticano (B), Sinaítico (Aleph) y los papiros Chester Beatty (P45, P46, P47).

3. En sus idiomas originales resultaría prácticamente imposible para la mayoría de los cristianos acceder al texto bíblico. Entonces tiene que traducirse a la lengua de cada pueblo, para ello los que se han dedicado a esta tarea forman un texto base de toda la gran cantidad de manuscritos. Mientras que en el AT, la principal base es el Texto Masorético, en el NT las bases textuales más usadas son dos:

a. El Textus Receptus, que sirvió para la traducción de Biblias como la Reina-Valera y King James.

b. El Texto Crítico, construido sobre la base de los más recientes descubrimientos. Uno de los más conocidos es el Texto Griego Nestlé-Aland (INA27). Está detrás de versiones como la NVI y la “Dios Habla Hoy”.

4. Ante la avalancha de nuevas traducciones o versiones resulta inevitable formular algunas interrogantes: ¿Cuál es la mejor versión? ¿necesitamos realmente más de una versión? ¿qué pasa con las diferencias entre las distintas versiones?

a. Cabe aclarar que de todos los manuscritos existentes no hay dos que sean exactamente iguales; sin embargo, las variaciones del texto encontradas en estos manuscritos son muy pequeñas y en lo sustancial no afectan a las doctrinas cristianas principales.

b. No se puede ser dogmático al respecto. Es cierto que la RV ha ganado el aprecio y la predilección del pueblo cristiano, pero hoy día, versiones como la NVI han comenzado a tomar terreno por su lenguaje accesible. Si bien en la lectura pública lo más recomendable es usar una versión que sea común a toda la congregación, el estudio bíblico personal requiere la comparación de diversas versiones.

Conclusión

Queda claro el carácter humano de la Biblia al darnos cuenta que ésta vino en diversas etapas de la historia en contextos específicos. Pero brilla aún más su origen divino al enterarnos de la asombrosa preservación que ha tenido con el correr de los tiempos y pese a mil vicisitudes, lo cual confirma la sentencia del Maestro: “…mis palabras no pasarán”. Estudiar el proceso de formación del Texto Sagrado debe llevarnos a sentir y mostrar un mayor respeto y aprecio por la Palabra. Pero este aprecio deberá traducirse en un serio compromiso por leerla, creerla y aplicarla. Contamos con el enorme privilegio de tener a nuestro alcance la Escritura, no lo desperdiciemos.